Concuerdo con los que asumen su inmundicia
y se mofan de esta especie tan estulta, tan filantropa.
Con los que escupen al cielo
sangre y conchas de su madre
sin importarles si en la cara les cae
el esperpento de su propia naturaleza.
A esos les puedo llamar vivos
a los que no fingen,
con los dientes sin de hipocresía
pueden masticar cualquier muerte.
Desde siglos por siglos
por la espalda
piedras les lanza el Nuevo Testamento
y el Corán jala de sus cabellos
cansados de no tocar esa escama
ni con sus mas dulces mensajeros.
Siempre les vale no mirar hacia atrás
-Y conste que no es
por temor a convertiros en sal...
nacieron empapados de lujuria sódica-.
Siguen las llamas encabronadas del hedonismo,
de los 7 pecados y las 15 coprolalias,
no conocen verguenzas ni dioses
por condicional.
A esos puedo decir y gritar en las caras
¡Que merecen ser llamados animales!
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